Era el propio Gandhi el que hace menos de un siglo animaba a los hombres a hacer cosas aparentemente insignificantes, porque, según el pensador indio, un mínimo esfuerzo en un grupo de individuos puede tener resultados insospechados en otro punto del mundo.
Una de esas pequeñas acciones tuvo lugar el pasado martes en Vejer. El evento corría a cargo de Akshy India, una asociación sin ánimo de lucro que desde 2007 lucha por la escolarización de los niños conocidos en la India como Dalits o «intocables». Son personas que por el hecho de haber nacido en una familia considerada de clase inferior, no tienen derecho a relacionarse con el resto de estratos sociales, la excusa es que son impuros y pueden contagiar al resto.
En torno a las siete y media de la tarde, en la Casa de la Cultura del municipio, unas ochenta personas se daban cita para conocer en profundidad la labor de la asociación. Allí los asistentes hicieron un recorrido por los logros de Ashky India, primero a través de una exposición fotográfica y más tarde participando en una charla coloquio.
Más que una sonrisa
Las imágenes allí expuestas quizás no destacaban tanto por su valor profesional como si lo hacían por su calidad humana. En todas ellas, se podía observar como unos niños que aparentemente no tenían nada, mostraban una amplia sonrisa de agradecimiento y por qué no, de felicidad. Esto hizo que algunos de los presentes reflexionase acerca de su propia vida y se plantease por qué, aún teniéndolo todo, no era capaz de sonreír siempre como si lo hacían esos niños supuestamente intocables.
Por su parte la presidenta de Ashky India, Raquel Mason, quiso contar su propia experiencia en la India. De ella destacó que «cosas tan normales aquí como llevar a los niños al médico, allí es todo un lujo» que sin embargo se puede conseguir por tan solo un euro.
Cena hindú
Este viaje al país de los elefantes culminaba con una cena benéfica en Los Balcones del Califa. Unos balcones que por una noche abandonaban sus raíces árabes para que, fusionados con un olor, sabor y melodía idóneos, trasladasen a los asistentes al mismo paraíso hindú.
El dinero recaudado iba destinado íntegramente a la labor que desarrolla la asociación y por ello, los platos que se sirvieron, fueron elaborados con los ingredientes que los vecinos de la zona donaron para la ocasión. Tanto camareros como cocineros eran voluntarios que se prestaron a colaborar, lo que dotaba al ambiente de un aire muy familiar.
Durante la velada, se llevaron a cabo varias iniciativas solidarias entre las que destacaron una rifa, que contaba como premios con bonos hotel, desayuno y cena en diversos establecimientos colaboradores, y una subasta de obras de arte que habían cedido artistas reconocidos. Sin embargo el punto álgido de la reunión coincidía con la media noche cuando una bailarina deleitó a los presentes con una danza típica hindú. Una atmósfera de reláx y sosiego en una cálida noche vejeriega, que demostraba que con muy poco, se puede hacer mucho.
Ana Barraquero Sánchez.
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